jueves, 21 de febrero de 2008

LOS AGÜEROS DE CAPITALISMO DEL DESASTRE.

Juan Hdez. Vigueras. Comité de Apoyo de Attac.

Los anuncios agoreros de crisis económica e inmigración desbordante por parte de la derecha junto con la realidad de sus ataques a la sanidad pública madrileña, dan actualidad al reciente libro de Naomi Klein.

En un mundo dominado por el capitalismo financiero global, es fácil contemplar la sutil campaña de amedrentamiento social de la derecha española como una preparación del terreno para sus políticas futuras de terapia de choque, como las que describe este libro, que casualmente ha sido ignorado por los grandes medios de comunicación. Pero que hay que leer para entender cómo funciona la política de hoy. Porque la doctrina del shock que expone, muestra que para aplicar medidas políticas hondamente impopulares que enriquecen a unos pocos y empobrecen a muchos, se busca siempre la desmoralización generalizada, una crisis o un desastre colectivo real, imaginario o manufacturado para la ocasión. De este modo, las situaciones de crisis social creadas, provocadas o no desde el exterior, vienen ofreciendo la ocasión propicia para la introducción y el avance de la privatización, la desregulación estatal y los profundos recortes de las prestaciones sociales, aunque sean tremendamente impopulares entre los ciudadanos del país en cuestión como está sucediendo en Francia. Es el argumento decisivo para sacar adelante medidas en favor de sus “reformas” para superar las crisis supuestas o reales o las supuestas tropelías de los gobiernos que ahora llaman populistas.

¿Exageraciones interesadas desde la izquierda?

Pues, el terrorismo es un caso paradigmático de cómo este capitalismo globalizado lo ha convertido en un mercado floreciente de armas y artilugios electrónicos que ofrecen empresas dominadas por gentes de extrema derecha. Como nos cuenta Naomi Klein, el gran exponente de esta doctrina del shock es Israel, que ha construido una economía que progresa con los desastres de la violencia y la destrucción de Palestina; todo un modelo de economía post 11 Septiembre, con 350 empresas dedicadas a la venta de productos para la seguridad interior y numerosas convocatorias mundiales de congresos y conferencias de expertos delante de los cuales el Estado sionista exhibe sus logros en el control de fronteras, de pasajeros en aeropuertos, etc. Toda una actividad económica que le ha convertido en el cuarto comerciante en armas del mundo, mayor que el Reino Unido. Una transformación económica que, por cierto, coincide con el abandono de la política negociadora para la paz.

La doctrina del shock explica con gran coherencia los eventos históricos sucedidos de las últimas décadas en diversos lugares del mundo, desde el Chile de Pinochet a la privatización de las escuelas tras la catástrofe del Katrina, la invasión de Irak o por qué triunfó Yeltsin sobre Gorbachov, aportando datos el libro referido que no siempre nos han sido ofrecidos. Y más aún, sugiere la urgencia de una reflexión política seria de las amenazas que sufren las democracias más asentadas, desde los EEUU hasta la Unión Europea.

¿Recordamos las declaraciones que hizo en Madrid Jeff Bush, el gobernador de Florida?

Pues la información de este libro de la escritora canadiense nos permite entender mejor lo que en vísperas del ataque a Irak decía el hermano del Presidente imperial sobre las grandes oportunidades para los negocios que iba a ofrecer la anunciada guerra. Y aquellas imágenes televisivas de los destrozos del Museo de Bagdad hemos de encuadrarlas dentro de una terapia de choque que buscaba la implantación del neoliberalismo mediante la destrucción cultural y económica del Estado irakí. Si la invasión se vendió públicamente sobre la base del miedo a las armas de destrucción masiva, fue porque, como explicaría después Paul Wolfowitz, era “el único argumento que podría compartir todo el mundo”.

Pero el verdadero plan de la guerra era la introducción del mercado libre, esta vez mediante la guerra abierta como en su momento denunció ATTAC-España en sus comunicados. Naomi relata los desastres de la Administración del virrey Bremen que contribuyó con su corrupción y su política de privatizaciones a ultranza a generar un conflicto sectario político religioso. El dinero de la ayuda internacional no fue para reconstruir Irak y dar empleo recuperando sus fábricas sino para los grandes contratistas de EEUU, al mismo tiempo que Bush ejecutaba su concepto de gobierno vacío en manos de subcontratistas.

Para quienes puedan pensar que el capítulo sobre “choque terapéutico” elaborado por la CIA parece un reflejo de la teoría conspirativa de la historia, hemos de recordarles el secretismo manipulador inhumano que han puesto de relieve las imágenes de la prisión irakí de Abu Graib, de Guantánamo o los vuelos secretos de la CIA que convierten en cuentos infantiles los relatos de espionaje de la Segunda Guerra Mundial. Este no es un libro cualquiera porque cuenta el desarrollo del proyecto doctrinal neoliberal que pretende convertir el planeta en un mercado dominado por las grandes corporaciones y Wall Street.

Es la ingeniería social y económica aplicada que Naomi Klein llama "el capitalismo del desastre". El padre del fundamentalismo neoliberal, el economista Milton Friedman, observaba que “solamente una crisis – real o percibida- produce cambios de verdad. Cuando sucede una crisis, las acciones que se adopten dependerán de las ideas que subyacen alrededor. De ahí la función básica de desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se torne políticamente inevitable”. Por tanto, del mismo modo que alguna gente hace acopio de agua y de conservas para prepararse ante grandes desastres, los seguidores de la Escuela de Chicago hicieron acopio de ideas sobre cómo imponer la libertad del mercado mediante diversas “terapias de choque”.

El sucio secreto de la era neoliberal – afirma Naomi Klein- es que las ideas del socialismo en democracia nunca fueron derrotadas en una gran batalla de ideas ni fueron sometidas a votación en elecciones sino que fueron expulsadas con terapias de choque en coyunturas políticas decisivas” (pág. 450) vendiendo la falsa idea central de que “capitalismo y libertad son parte del mismo proyecto”. -