viernes, 15 de junio de 2012

Banca pública y democracia


En el siglo XVI cuando los peregrinos visitaban Santiago de Compostela, iban al final de la tierra conocida, “el finis terre” y observaban con encogimiento las aguas bravas y oscuras del Mar Tenebroso, como se llamaba entonces. Nadie conocía qué había al otro lado, si es que había algo. Hoy en día no hace falta ir al cabo de  Finisterre pues conocemos que más allá está el continente americano. Pero igual que los peregrinos del siglo XVI, nos preguntamos qué habrá más allá de esta crisis financiera, si es que hay algo.


Observamos sobrecogidos las turbulencias del Mar Tenebroso de los mercados financieros. Pero a diferencia de esos peregrinos, hoy sabemos que tenemos soluciones, una de las cuales es la creación de una banca pública. Hay países que ya la tienen, o la han tenido como España. Tomar el control de las finanzas y generar un nuevo modelo productivo, reequilibrando la producción es el plan de travesía y la banca pública bajo control social puede ser el timón.

I. Financiarización

Una de las causas de la actual crisis financiera es la naturaleza privada de la banca. Es cierto que la crisis tiene efectos y causas diferentes en cada país, por tener cada uno una estructura económica diferente. Pero también lo es que existen elementos comunes a todos ellos. Por ejemplo, no tiene precedente el hecho de que la crisis se haya originado en el mercado hipotecario de los USA, incluyendo a las capas más pobres de trabajadores. Tradicionalmente las crisis se habían producido como consecuencia de una sobreacumulación de deuda a empresas o estados, pero no incluyendo a los trabajadores. Esto se debe a la transformación de la actividad bancaria. Los hogares y las empresas gracias a las nuevas tecnologías y a la liberalización financiera tienen un mayor acceso a los mercados de capitales sin necesidad de la intermediación de un banco, esto es, la desintermediación bancaria.

Ingresos no derivados del interés



Fuente: Dos Santos, Datos OECD

Los hogares han movido sus activos desde los depósitos bancarios hacia otros instrumentos de inversión y la importancia de la financiación bancaria a las empresas ha caído de manera significativa. Los bancos por su parte desarrollado nuevas corrientes de beneficios basados en estas nuevas posibilidades, como tasas, comisiones y otras ganancias de actividades no basadas en intereses, asociadas principalmente a la intermediación en los mercados financieros. Estas actividades comprenden entre otros la facilitación de la participación de particulares y empresas en los mercados financieros a través de servicios de inversión bancaria a grandes empresas, servicios de bróker y cada vez más a través de la gestión de fondos de inversiones, de pensiones y de seguros para los inversores particulares. La erosión de las pensiones públicas, mediante su estigmatización (insostenibilidad) y el fomento de los planes de pensiones privados (inventivos fiscales) ha permitido un importante aflujo de capitales hacia los mercados financieros.

Si bien es cierto que los hogares tienen un mayor acceso a vehículos de inversión, también lo es que los créditos hipotecarios debido a la importancia de las sumas que en ellos se contratan, siguen siendo en su mayor parte emitidos por los bancos. De esta forma, al  mismo tiempo que ampliaban las actividades mencionadas de inversión, también incrementaron sus créditos hipotecarios y de consumo a los hogares. Como podemos observar comenzaron a converger operaciones de inversión y comerciales en las instituciones bancarias. Hay una gran diferencia entre los flujos de beneficios derivados de transacciones que se realizan en los mercados financieros y de las operaciones comerciales de préstamo a particulares y a empresas. Las operaciones de inversión producen beneficios por comisiones y cuotas, pero sobre todo por comerciar por cuenta propia, es decir, invertir y desinvertir con el dinero de sus clientes para obtener beneficios. La diferencia con las operaciones tradicionales normales, es que el beneficio en éstas se obtiene por la diferencia en el interés que paga cuando dejamos nuestro dinero y por las comisiones de gestionar ese dinero, y el interés que hace pagar cuando es él el que presta. Históricamente mezclar banca comercial y de inversión, ha sido desestabilizante.  Al adoptar la forma de bancos de inversión, los bancos comerciales debilitaron una de sus mayores habilidades bancarias, la recolección de información acerca de los prestamistas para procesarla con la experiencia pasada y establecer patrones de riesgo.

La mayor parte de los préstamos bancarios hipotecarios en EEUU, pero también en España, se extendieron a capas cada vez más amplias de trabajadores, cuyo salario real ha sido constante e incluso decreciente en algunos casos en los últimos años. Las hipotecas subprime además se concedieron frecuentemente a trabajadores sin ninguna posibilidad de pagarlas.  De la misma forma en España se concedían créditos a personas que trabajaban en el sector de la construcción y sectores afines, caracterizados por una burbuja inflada por el sector bancario. Era evidente que si la burbuja estallaba muchos de los créditos hipotecarios no iban a ser devueltos. Desde luego si los bancos no eran conscientes, al ser ésta su principal labor (la ponderación del riesgo) es una prueba flagrante de su fracaso, al estar ciegos frente a estas fuente de riesgo seguras. Si eran conscientes habría que depurar responsabilidades legales.

No solo han fracasado en la gestión del riesgo, sino que han  fracaso estrepitosamente como mediadores de la adquisición de bienes vitales por parte de los trabajadores. La crisis inmobiliaria ha dejado a miles de personas en España en la calle (millones en USA). Siendo la vivienda un bien social, un bien primordial para una vida digna, es patente que la actividad bancaria con sus características actuales está incapacitada para mediar en la adquisición de la vivienda.

El exacerbado endeudamiento que promovieron estas instituciones ayer, es la contracción del consumo de hoy. Esto parece poner en evidencia que la banca privada por su configuración es incapaz de mediar por tanto en la compra de una casa, pero también en pensiones y otros elementos que dependan de los salarios. Porque en el caso contrario y dadas las actividades inversoras de la banca propensas a la creación de burbujas, podrían dejar a miles de personas sin pensiones, salud, educación, igual que han dejado a tantos otros en la calle. El que los bancos se hayan tornado hacia los particulares, es decir, a la extracción de beneficios directamente de los salarios (expropiación financiera), junto con las operaciones de inversión ha sido devastador para la economía real.

Es importante hacer hincapié en dos cuestiones importantes para el análisis. En primer lugar el enfoque respecto a los reguladores. Sin duda éstos han fallado y han sido capturados es epor aquellos a los que pretendían regular. Pero es que probablemente no estaba en sus manos. Cierto es que la desregulación ha sido patente y cristalizada en el boom en Reino Unido de 1986 y la eliminación de Glass Steagla Act en 1999, lo que permitió mezclar banca de inversión y comercial. Sin embargo, la recolección y tratamiento del riesgo no es una actividad que dependa de la regulación, sino que es inherente a la actividad bancaria, y en ello han fracaso tal y como hemos visto. Admitir la existencia de cuerpos reguladores para que inducir un buen comportamiento de la actividad bancaria es admitir de facto que ésta es perniciosa per sé para las economías donde actúa.

En segundo lugar, la propia naturaleza privada de los bancos hace más difícil la cuantificación real de los activos tóxicos. Dado que se mueven en un marco competitivo, donde la información acerca de los bancos vecinos es de suma importancia, la revelación total de estos activos podría provocar una bancarrota casi asegurada para aquella entidad que los reconozca en su totalidad. Por ello, la política ha sido la de ocultar el fracaso y el riesgo verdadero en sus hojas de balance con la connivencia de las autoridades económicas, completamente capturadas por los grandes gestores financieros. Además, se ha facilitado la concentración bancaria mediante adquisiciones o creaciones de holdings bancarios. En España también mediante la reforma financiera, se ha favorecido la creación de grandes bancos de forma que Bankia por ejemplo desde el 2010 incluye La Caja de Canarias, Caixa Laietana, Caja Rioja, Caja Ávila y Caja Segovia. Cuanto más grande es un banco, más difícil es implementar una gestión apropiada. Esto es debido a que estos bancos se convierten en entidades sistémicas por su tamaño y por tanto es difícil que las autoridades permitan una bancarrota (too big to fail), pues tendría consecuencias sobre todo el sistema. La creación de grandes conglomerados bancarios crea incentivos perversos a la hora de gestionar el riesgo puesto que esos bancos tienen la seguridad de que el estado acudirá al rescate. Esto cambia considerablemente el escenario para los reguladores de forma que hace difícil que podamos confiar en ellos a la hora de obligar a implementar políticas prudenciales en los nuevos mastodontes bancarios. Como ha sido patente el conjunto de riesgos e incertidumbres anteriores a la crisis eran difícilmente previsibles para los reguladores y estaban fuera del alcance de su comprensión. Lo mismo ocurrirá con la nueva situación, donde la nueva actividad bancaria contendrá nuevos riesgos en algún caso también impredecibles.

II. Banca pública

Con lo dicho sobra explicar que las medidas de la mal llamada austeridad no suponen una solución a ningún problema expuesto anteriormente. Frente a la solución insolidaria e injusta que supone la creación de un banco malo, podemos enfrentar la propuesta de un banco bueno: la banca pública. No parece descabellado pensarlo en la medida en que la propia naturaleza privada de la actividad bancaria es la que tiene externalidades negativas en la economía real.

1. las pruebas

En los años 70 el porcentaje de bancos estatales era de un 50% del total de los bancos, mientras que en 1995 ese porcentaje ya había caído al 40% por cambio ideológico del papel del sector público en la economía y por las necesidades recaudatorias debido a diversas crisis. De 1987 a 2005 se privatizaron alrededor de 250 bancos dando unos 143 mil millones de dólares. La propiedad pública cayó 15 puntos porcentuales en el mundo. Es cierto que no existe evidencia empírica robusta que nos permita decir que esta tendencia ha tenido efectos positivos o negativos, pues depende de la estructura económica de cada país y de la experiencia del mismo. Por lo tanto solo podemos decir que una banca pública es una opción eminentemente política. Pero tenemos algunas evidencias que nos permiten establecer curiosas coincidencias.

El sistema bancario chino ha sido más resistente a los efectos de la crisis que cualquier banco privado europeo o estadounidense. Algunos autores señalan como factores a tener en cuenta el control del capital existente, lo que ha limitado su exposición a los mercados de crédito y capitales; su focalización en las actividades bancarias tradicionales; y la mayor preponderancia de los bancos públicos que se avalan a ellos mismos a través de la confianza en el sector público. Tenemos que salvar las diferencias, dado que los bancos estatales chinos prestan principalmente a las empresas estatales. Ni en Europa ni EEUU quedan ya muchas por lo que la estructura económica es netamente distinta. Nos quedamos sin embargo con esos tres factores que pueden contribuir a la creación de nuevos modelos.

No solo China, sino que Brasil o India también hacen un uso masivo de bancos estatales y curiosamente han tenido una mejor resistencia a la crisis bancaria. Existe evidencia empírica de que la banca pública ha ayudado en este sentido, proveyendo crédito contracíclico y opciones de política económica para contrarrestar los efectos de la crisis. Es evidente que la banca privada no puede proveer este tipo de soluciones ya que ha sido ella misma la que ha generado los problemas.

Dakota del Norte, un estado federal norteamericano, también tiene una banca pública funcionando hoy en día. Dado que este estado tiene una situación envidiable en términos económicos, muchos son proclives a explicarlo por la existencia y actividades de la banca pública, recomendando directamente que el modelo se exporte. Sin embargo tenemos que tener en cuenta que la estructura económica de Dakota no es la misma que la española, pues posee recursos naturales que le proporcionan unos ingresos que otros países no tienen.  A pesar de ello existen notables evidencias, como que dicho estado es el único que se ha salvado de las garras de la crisis económica, con superávit recurrentes en las cuentas públicas y la menor tasa de desempleo de todo el país. Otros estados con el doble volumen de  extracción de petróleo como Alaska, tienen una tasa de paro superior.

2. La teoría

Uno de los grandes problemas que la banca privada no ha podido resolver ha sido el restablecimiento de la  liquidez privada, debido a la falta de confianza. La creación de una banca pública respaldada por las garantías de la sociedad, sus recursos y en el caso de tener autoridad monetaria, con el poder de creación de dinero, haría desaparecer de inmediato esa falta de confianza que por su naturaleza privada no pueden resolver los bancos de forma autónoma. Es lo que actualmente se está haciendo al inyectar capital en entidades como Bankia. Se está poniendo el respaldo público detrás de una entidad privada, pero con la perspectiva de venderla en un tiempo determinado y dejándole operar en un mercado privado. Estamos creando un banco privado financiado públicamente, algo que escapa a cualquier tipo de lógica económica.

En segundo lugar, una banca pública no tendría por qué ocultar los activos tóxicos que una entidad privada haya generado, ni entrar en las complejas interacciones y evasiones de los stress tests. Goldman Sachs valorará los activos tóxicos de Bankia, pero deberían ser funcionarios públicos los que debieran valorar dichos activos, no una institución que ha participado activamente  en la creación de la burbuja y que por tanto tiene intereses en la valoración que vaya a hacer, y a cobrar. Podríamos exigir transparencia algo que está lejos de la jerga financiera. La apertura completa de los libros de los bancos nacionalizados podría ser el canal para implementar una solución democrática al problema de la deuda, ya que esa valoración debería pasar por una auditoría democrática, de forma que la sociedad tuviera unas bases fidedignas para la decisión colectiva.

En tercer lugar, es necesario un cambio de modelo productivo. La banca pública no puede ser simplemente sinónimo de titularidad estatal, sino que tiene que ser la punta de lanza de un cambio democrático del sistema de producción y por tanto su creación es un salto evolutivo importante tanto por sus implicaciones como por la complejidad de su creación. Es necesario dotarle de las funciones necesarias para ese cambio de modelo productivo. Es una de las frases más usadas (en todas las acepciones del término) de los últimos tiempos, pero se suele utilizar como pintura de una caja vacía. No obstante la dirección parece clara, necesitamos un reequilibrio de la producción hacia actividades dirigidas a la satisfacción de las necesidades humanas, dejando de lado ciertas actividades que por muy apetitosas que sean para los mercados, degradan las condiciones de vida de las personas. Ese viraje de rumbo solo puede realizarse desde instituciones públicas pues los mercados, y las personas que operan en ellos, se resistirán a que desaparezcan algunas actividades por la ingente cantidad de beneficios que les reportan. La publicidad en contra del sector público y de su actuación en la economía ha sido tan efectiva que hoy en día está prácticamente asumida la ineficiencia del mismo y la intervención es un anatema. Sin embargo el sector bancario privado ha intervenido de facto la economía inflando la burbuja inmobiliaria y desviando recursos hacia ella. Si dejamos al sector privado una vez más modelar la economía, estaremos seguros de que el crecimiento no irá a satisfacer las necesidades de las personas, sino de los mercados.

En cuarto lugar, el valor del accionista ha sido puesto como excusa en los últimos años para que aparezcan esquemas de remuneración para traders y directivos que han auspiciado una imprudencia temeraria. Esto ha promovido los ingentes beneficios a corto plazo, sin tener en cuenta las consecuencias sistémicas a largo, que han causado pérdidas soportadas en su mayor parte por los propios accionistas. Mientras los directivos han hecho ingentes beneficios durante la crisis apenas sufriendo pérdidas. Recordemos que los ex directivos de Lehman Borhters fueron inmediatamente contratados por otras entidades, y alguno incluso es ministro de economía. Los pequeños accionistas tuvieron grandes beneficios mientras la burbuja vivía, que desaparecieron en la práctica totalidad al estallar la crisis. Los beneficios de una banca pública no se miden por el rendimiento de sus accionistas, sino por ser un potente instrumento en la transformación democrática de la sociedad. Tradicionalmente se pone como problemática de la gestión pública el hecho de que los gestores no tienen accionistas ante los que rendir cuentas. En el marco de la teoría de la agencia (agente versus principal), ello implica que la gestión privada es más eficiente que la pública. Teorías aparte esta crisis, la mayor del sistema capitalista desde el crack del 29, se ha gestado en los mercados financieros privados. No parece que haya una superioridad en la gestión privada, antes al contrario tanto la gestión social, como la pública y/o la privada presentan diferentes problemáticas que necesariamente necesitan respuestas. Recordemos por ejemplo que el conglomerado bancario público español fue vendido siendo rentable. Por ello la decisión es una decisión política en función de los objetivos que tengan los gestores públicos.

Esto nos permite introducir el concepto de Banca Pública bajo control social que ha puesto encima de la mesa el movimiento 15M. No se ha desarrollado mucho este concepto, pero es fundamental, ya que tenemos evidencia de que la banca pública por sí misma simplemente cambiaría el color de los problemas. Es necesario introducir un saneamiento político, incrementar de manera exponencial el grado de democracia para que los gestores públicos sean transparentes y responsables de sus acciones frente a la sociedad. Recordemos que una de las variables que se utilizan para medir la calidad democrática de un país es la capacidad que tiene ésta para pedir responsabilidades a sus gestores. La creación de una banca pública sin una profunda regeneración democrática será pues un castillo de naipes.

Iván AH
EconoNuestra



 

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