viernes, 6 de julio de 2012

Por qué dicen economía cuando quieren decir capitalismo

El autor, responsable del área de internacional de Ecologistas en Acción, analiza los ejes de la reciente Cumbre Río+20. Explica que Gobiernos y multinacionales apuestan por implementar el modelo económico a través de la explotación de la naturaleza.

Economía verde es un concepto impulsado desde Naciones Unidas (NNUU) que, con la idea puesta en la celebración de la Conferencia de Río+20, publicó ya en 2009 la hoja de ruta “Hacia una economía verde”.

La propia conferencia se marcaba como uno de los ejes de discusión la “economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza”. Así, NNUU pretendía anclar el concepto al aspecto social y distributivo. En dicho informe, se aclara que la economía verde es aquella “baja en carbono, eficiente en recursos, y socialmente inclusiva”. Todo en un mismo pack.

En un ejercicio de buenismo miope, la línea argumental de NNUU a la hora de defender este enfoque era: dada la estrecha relación entre el estado de los recursos y la capacidad de los países de conseguir su bienestar, al estar ligados ambos términos, no se podrá hablar de economía verde independientemente de acciones directamente ligadas a atender las necesidades de los grupos más vulnerables, por un lado, y, por otro, no podrá existir una economía verde si los patrones de consumo y producción no garantizan que la mejora en el estado del medio ambiente y los beneficios sociales estén presentes.

Se puede hablar en el mejor de los casos de “ingenuidad” de la ONU, pues el planteamiento que hace es cambiar de rumbo sin cambiar nada. La economía verde incorpora aparentemente el cuestionamiento al modelo de desarrollo sin proponer en realidad cambiar las bases que lo sustentan. No hay nada en la economía verde que invite a alterar aquellos pilares sobre los que se asienta el sistema actual: ni la producción con el máximo beneficio, ni la concetración de capital, ni la competenia entre capitales,... todo esto permanece.

Por tanto, hay que huir de interpretaciones bien intencionadas del término y de la imagen de una economía trabajando por el interés de las personas, del bien común, y operando dentro de los límites de los ecosistemas -como, por cierto, llevan décadas defendiendo los estoicos teóricos de la economía ecológica-.
Cuando se habla de economía verde se está hablando de capitalismo verde. Y el capitalismo nunca podrá ser verde. En Río 92 se cometió el “error” de recetar más crecimiento económico para solucionar la desigualdad y la pobreza y se confió en el avance tecnológico para solucionar los impactos ambientales.

No hemos aprendido nada, cuando volvemos a aceptar que “nos coloquen” el crecimiento económico en el lado de las soluciones en lugar de en el de las causas. Un crecimiento que ahora será verde.

El propio PNUMA, autor del informe mencionado, reconoce que para que la economía verde sea posible, tiene que ser “atractiva” para inversores. No se está haciendo por tanto un llamado a detener las dinámicas devastadoras dominantes, sino que se parece más a una maniobra distractoria encaminada a tranquilizarnos respecto del abismo al que nos asomamos.

Empresas que sacan rédito de la naturaleza
Las empresas se han sumado rápidamente a ese discurso. La situación ambiental ha pasado de ser negada por los intereses económicos a ser reconocida, al convertirse en una oportunidad de negocio. Se nos dice: “cierto, el planeta está fatal, pero no se preocupe, nosotros lo vamos a solucionar”.

El escenario está servido para inversiones millonarias del sector financiero en esta nueva economía. Cabe esperar por tanto más privatización, mercantilización y especulación del patrimonio natural que aún hoy tenga un uso público o sea del común.

Nuevamente la lógica del buenismo que caracteriza al ambientalismo de mercado es: en estos 20 años no se han corregido los impactos ambientales y sociales porque los mercados han operado bajo señales equivocadas, al no valorar adecuadamente los recursos y servicios que tomábamos “gratuitamente” de la naturaleza.

Ahora, al ponerle precio a todo (incluyendo, por ejemplo, los “servicios” de regulación del clima que hacen los bosques al captar el carbono, como ya se está promoviendo desde los programas REDD) e incluirlo en la lógica de la mercantilización, evitaremos el derroche de recursos porque estos serán valorados.

Además, la economía verde es el caballo de Troya para la introducción de toda una plétora de “soluciones” tecnológicas para la crisis ambiental. Desde la fractura hidráulica (que considera al gas no convencional como combustible de transición) o el secuestro de carbono, hasta la geoingeniería, la última locura tecnológica para controlar el calentamiento global mediante masivos bombardeos de productos químicos a la atmósfera, masiva fertilización de los océanos, etc.

De momento, hay una moratoria internacional al respecto, veremos cuanto tardan las corporaciones en derribarla. Pero quizás el nuevo sueño tecnológico más peligroso es la nueva economía de base biológica: un plan para que la biomasa, en una suerte de “nuevo” petróleo, se convierta en la materia prima a transformar mediante tecnologías basadas en la bioingeniería (genómica, nanotecnología, biología sintética) y ser convertida en productos de alto valor (alimentos, energía, materiales, fármacos,....). Una huída hacia delante en toda regla.

Las multinacionales se llevan el botín
Es fácil adivinar quién saldrá ganando en todo esto. Las nuevas oportunidades de negocio están promoviendo foros y directrices a inversionistas sobre cómo sacar mejor partido de la economía verde4. Se están produciendo fusiones y reorganizaciones de compañías para situarse mejor ante el nuevo panorama.

Las 10 mayores empresas del mundo en sectores como el agua, la energía, las semillas, la pesca, las sustancias químicas, los fertilizantes, los fármacos... están tomando posiciones. Viejos nombres como BP, Exxon, DuPont, Monsanto, Shell, Cargill, Chevron, Statoil, Dow, Novartis, Total,... para una “nueva” economía.

Samuel Martín- Sosa Rodríguez
Diagonal