domingo, 9 de diciembre de 2012

Economía: Dependencia endémica (Notas sobre los problemas estructurales de la economía española)

De las grandes crisis se sale con cambios estructurales en el funcionamiento de la economía, en su regulación, en sus instituciones. El impacto desigual de las crisis en distintos territorios es en parte resultado de su distinta estructura, de su posición en la economía global. Un buen diagnóstico de la situación es básico para promover respuestas adecuadas. Lo que no siempre supone que éstas sean fáciles de aplicar ni que tengan resultados inmediatos, de igual modo que una enfermedad puede estar bien diagnosticada y en cambio desconocerse la forma de combatirla.

La economía española padece unos problemas que explican su diferencial de destrucción de empleo, la mayor gravedad de la situación. Al principio de la crisis se hicieron algunos diagnósticos acertados, quizas porque eran tan fáciles de reconocer que no se requería un gran nivel de experiencia profesional para llevarlos a cabo. Uno era el papel del sistema financiero a escala global. El otro, más local, era culpar de los males del problema al hiperdesarrollo constructivo. Los poderes financieros han conseguido aguar la insistencia en reformas profundas de su actividad, en gran medida porque han logrado endosar el problema del endeudamiento a los estados y transformar así una crisis de endeudamiento privado en políticas de ajuste público. En los últimos meses en España los problemas de la deuda exterior, la prima de riesgo y los recortes públicos han vuelto a dejar fuera de foco la cuestión primordial de la deficiente estructura productiva del país.

Peor aún, viendo las cosas que promueven las élites políticas más bien parece que confían en un nuevo boom inmobiliario para reflotar la economía. Y de ello tenemos buenos indicios. Primero fue la vergonzosa competición entre Madrid y Barcelona por atraer Eurovegas, ahora ha sido la oferta de permisos de residencia a los compradores de viviendas, y de forma contínua están las referencias de De Guindos a que el banco “malo” servirá para revigorizar el mercado inmobiliario (quizás esperando con ello que olvidemos lo que es evidente: que se trata de una nueva transferencia de fondos al sector bancario). Y es que lo inmobiliario tiene un largo recorrido en la economía española y su impulso parece mucho más fácil que el promover otras salidas.

Se olvida con ello una de las cuestiones que a mi entender es básica para explicar nuestra situación diferencial: la economía española genera sistemáticamente un deficit comercial resultado de nuestra particular estructura productiva y nuestro particular modelo de consumo. En el gráfico podemos observar que las exportaciones siempre han sido sustancialmente inferiores a las importaciones, y el diferencial sólo se ha reducido cuando el consumo interno se ha hundido (más o menos como si una persona sólo perdiera exceso de peso cuando padeciera una enfermedad grave):

Fuente: INE, Estadísticas de Comercio Exterior

Puede objetarse que en este desequilibrio no se tienen en cuenta los ingresos por servicios, especialmente los turísticos, pero aún considerando estos ingresos el resultado neto sigue siendo negativo (en 2010, un año de crisis, la contribución neta negativa del sector exterior continuaba siendo de 2,1 puntos del PIB). Ello supone que en su funcionamiento normal la economía española requiere un continuo endeudamiento frente al exterior, lo que sin duda explica una parte importante de los problemas macroeconómicos del país. Sin moderar o equilibrar esta situación la única forma de mantener el actual modelo es consiguiendo atraer un flujo de entrada de capitales permanente, algo que parece ser a medio y largo plazo poco realista, pues no contamos con un sector financiero hegemónico como el que permite hacer esto a Estados Unidos y Reino Unido.

Las razones de este desequilibrio son diversas. Una es la enorme dependencia energética y de materiales. Otra es la especialización productiva: fabricamos bienes distintos a los que consumimos (por ejemplo producimos coches pequeños y compramos coches grandes, consumimos electrónica de importación...). A esta especialización negativa se ha llegado por una serie de factores diversos: decisiones de las élites locales (priorizar la construcción y despreciar la inversión en bienes sofisticados, que comportan más esfuerzo en investigación y formación profesional), control de muchos sectores productivos por grandes multinacionales y promoción de un modelo de consumo impulsor de las importaciones. Y una tercera, y no menos importante: un euro sobrevalorado ha reducido las posibilidades de desarrollo de parte de la industria local, situación agravada por la política alemana de austeridad (básicamente caída del salario real, sobre todo en el sector servicios), que ha provocado una caída de las exportaciones del sur de Europa.

Alterar está situación exige tomar muchas medidas y hacer frente a las resistencias de los beneficiarios de la situación actual. Pero precisamente por tratarse de una cuestión de largo recorrido exige tener claras algunas de las líneas de actuación. Una, obvia es una política energética que no sólo promueva el desarrollo de energias renovables sino que reorganice la vida social (transporte, urbanismo etc.) en términos de reducción del consumo. Otra, la reorganización de actividades que promuevan circuitos más cortos de producción-consumo, por ejemplo en el sector alimentario, Otra obvia, de desarrollo tecnológico y profesional También una política de austeridad de otro tipo, orientada a reducir las importanciones de bienes de lujo y los consumos suntuarios que tienen efectos dañinos en términos sociales, ecológicos y macroeconómicos, algo que debe ir necesariamente acompañado de políticas “culturales” que lo hagan entendible y aceptable. Y cómo no, una política exterior orientada a cambiar el modelo actual de integración europea. Estos deberían ser los elementos prioritarios de las políticas anticrisis. Su no consideración, la dependencia endémica respecto a un modelo de desarrollo palpablemente insostenible, muestra que nuestros lideres políticos están en la inopia, o simplemente que nos engañan para mantener el statu quo.

Alberto Recio Andreu
Mientras Tanto