miércoles, 5 de diciembre de 2012

En los jardínes del Edén

La amnistía fiscal aprobada por el Gobierno español ha recaudado sólo un 6% del importe que se había propuesto el ministerio de Hacienda. Mientras, bajo la cálida brisa del océano y entre las palmeras de una salvaje playa desierta, descansa el dinero defraudado por las multinacionales y las grandes fortunas. En Barbados, Islas Caimán, Panamá y algún exótico destino más, nadie le pregunta al dinero de dónde viene, ni tampoco a dónde va.

En las últimas reuniones del Grupo de los 20 (G20), el asunto ya ha sido tratado pero parece haber poca voluntad política. Angela Merkel y Barack Obama, entre otros, acordaron limitar los abusos fiscales de las multinacionales pero aún se espera cómo y cuándo. La postura francesa, siempre beligerante en temas de fraude al fisco, sí es más clara, como muestra su reclamación a Google de más de 1.000 millones de euros en impuestos.

Pero lo cierto es que según la asociación británica Tax Justice Network, entre 2005 y 2010 la élite económica mundial evadió, al menos, 16,7 billones de euros en paraísos fiscales. Para hacerse una idea de la magnitud del fraude, la cifra supone la suma del Producto Interior Bruto (PIB) de Estados Unidos y Japón en un año.

El expresidente de Francia, Nicolás Sarkozy, también se refirió al tema en la reunión del G20 en Cannes, hace un año. “Los países que siguen siendo paraísos fiscales mediante la falta de transparencia bancaria serán puestos al margen de la comunidad internacional”, argumentaba. Pero lo único que ha cambiado desde aquella sentencia es que Sarkozy ha perdido unas presidenciales en favor del socialista Hollande. El resto sigue igual, paraísos incluidos.

No hace falta recorrer largas distancias para encontrar Estados con privilegios fiscales y mínimas exigencias para las grandes multinacionales. La estadounidense Apple sabe usar bien los beneficios tributarios de Irlanda, miembro de la Unión Europea. No sólo hay genios tecnológicos dentro de la compañía creada por el difunto Steve Jobs. También los hay de la ingeniería financiera. La empresa con sede en California ha tributado sólo un 2% de los beneficios obtenidos fuera de Estados Unidos.

Aún hay más. El mayor motor de búsqueda en Internet, aquel que nos salva de tantos apuros en la red, también tiene un lado oscuro. Google gana dinero por publicidad a espuertas. En 2011 consiguió unos 7.600 millones de dólares en beneficio bruto en el extranjero, por los que sólo tributó 248 millones, “en su mayor parte a la Hacienda irlandesa”, según explica el político español Gaspar Llamazares.

En España, la recaudación del impuesto sobre el beneficio a las empresas ha caído en picado en estos años de crisis. Como afirma la periodista Soledad Gallego-Díaz, “el fraude fiscal se centra, según los expertos, en grandes grupos empresariales, empresas transnacionales y grandes fortunas personales”. Mientras que los ciudadanos piensan que el “mayor fraude se produce entre los profesionales liberales o de servicios, éste sólo acumula entre el 10 y el 20% del total”, añade la periodista del El País. Las administraciones también se centran en la lucha contra la evasión menor, a la que dedican buena parte de sus recursos, al tiempo que el dinero evadido por las grandes fortunas y multinacionales sigue de vacaciones en el paraíso.

Existen distintas soluciones al problema de la evasión fiscal. A escala global, no se puede permitir que grandes multinacionales e inmensos patrimonios personales evadan impuestos de manera impune. Los Estados están por encima de las empresas y no viceversa. Europa tampoco puede poseer la potestad para controlar la economía de sus Estados miembros sin una armonía fiscal. Los mismos impuestos para todos los países de la Unión Europea evitarían problemas como el irlandés. En el ámbito estatal, medidas como la amnistía fiscal aprobada por el Gobierno español para lavar el dinero negro de los defraudadores son ineficaces. Por un lado, no recaudan lo previsto, y por el otro, desmotivan al contribuyente que cumple con sus obligaciones fiscales.

A largo plazo, es esencial educar a las personas de forma correcta. Que sepan desde sus primeras lecciones que los impuestos aseguran los pilares esenciales del Estado del bienestar. Que sólo de esa manera es posible redistribuir la riqueza. Que un mundo más justo es posible si todos ponemos de nuestra parte.

Adrián Levy Pernudo
Periodista
CCS (Centro de Colaboraciones Solidarias)