lunes, 10 de febrero de 2014

¡Ojo con los grandes bancos!

Los grandes bancos sistémicos globales constituyen de nuevo el principal riesgo para la economía mundial. A finales de 2012 la exposición en derivados de Deutsche Bank, el primero en el ranking, alcanzó los 55,6 billones de dólares –en términos europeos- y la de JP Morgan, medalla de plata, los 69,5 billones de dólares. Para que nos hagamos una idea de la magnitud del tamaño del riesgo asumido en los libros de derivados de ambos bancos, el PIB alemán se situó al cierre de 2013 alrededor de los 3,7 billones de dólares. La magnitud que ha alcanzado los libros de derivados de los bancos sistémicos, bajo la permisividad de los Bancos Centrales, se han convertido en auténticas armas de destrucción masiva. 

La mayor parte de estos derivados, tanto de JP Morgan como de Deutsche Bank, tienen que ver con posiciones en divisas y tipos de interés. Se trata de apuestas tremendamente peligrosas en el caso en que se produzcan fuertes fluctuaciones en los valores de las divisas y en los tipos de interés. Los países emergentes que no tienen control de capitales están experimentando estos días en sus carnes los ataques especulativos por parte de bancos cuyos países se encuentran en una situación económica mucho más delicada. Hay que crear cortinas de humo para distraer la atención.

La estructura de la inmensa mayoría de los grandes bancos sistémicos es tremendamente inestable. Los lobbies bancarios compraron y pagaron por eliminar todo tipo de regulación, desmantelando así casi todas las salvaguardas que los podrían haber protegido si las cosas vienen mal dadas. No nos engañemos, el tamaño del capital y reservas en relación con el volumen subyacente en sus posiciones de derivados es irrisorio, de manera que dichos bancos están en un riesgo estructural permanente de colapso.

La pregunta es obvia ¿por qué están así los principales bancos globales? ¿Cómo han llegado a esta situación? Las respuestas no pueden ser más desalentadoras. Los bancos se deshicieron de la seguridad y la solidez en favor del rendimiento, el beneficio y los bonus, especialmente para su gerencia. Volvió a funcionar la codicia y la avaricia.

Cuestionando la existencia de grandes bancos
Sin embargo este riesgo sistémico de los bancos no preocupa a los banqueros y sus voceros mediáticos y políticos. Al revés, es una forma de cimentar su control político y económico sobre la sociedad. Lo hemos experimentado en nuestras carnes cuando los indocumentados que nos gobiernan afirman sin sonrojarse que aquí no se ha rescatado a banqueros sino a los depositantes. La tesis central de los grandes bancos y quienes los apoyan es que el sistema financiero no sólo es justo y adecuado para el desarrollo de la economía, sino que es esencial para nuestro bienestar. La gente, por lo tanto, debería dejar de quejarse e incluso, si hace falta, tendría que privarse de lo necesario para “este bien común”.

Por eso lo que más asusta a los bancos es cualquier crítica que vaya más allá de las reclamaciones de codicia, fraude o incompetencia, en concreto todas aquellas que cuestionen el sistema en sí mismo. Lo que los banqueros están comprometidos a proteger y a defender a toda costa es la “santidad y perfección” del sistema y su derecho a "autorregularse". Porque en última instancia es el sistema lo que les da su condición social y riqueza. Y es aquí donde son vulnerables.

Ya es hora de cuestionar no sólo la probidad u honradez, o incluso la solvencia de los grandes bancos mundiales, sino su fundación intelectual. La élite financiera ha pasado estos últimos años reescribiendo la historia para que la culpa de la actual crisis económica y bancaria no recayera sobre ellos. Han sido otros los culpables, braman en voz alta, la culpa es del pueblo y de naciones enteras que tomaron deudas que no podrían pagar.

Es hora de contraatacar y dejar claro que ha sido y es la forma en que los bancos desarrollaron sus actividades normales lo que causó la actual crisis sistémica en la que estamos inmersos. Tenemos que demostrar que esta crisis fue el resultado y la consecuencia de un sistema que es un completo fracaso a la hora de hacer lo que más les enorgullece, la gestión de riesgo.

El auténtico riesgo sistémico
En la actualidad solo hay un riesgo sistémico claro, la manera en que sigue desarrollando su actividad la banca mundial. Sigue existiendo un enorme agujero en la estructura de los diferentes reguladores, lo que ha impedido una rápida reestructuración de un sector financiero bancario insolvente. Los responsables políticos trataron de resolver la crisis sistémica mediante la legalización de un esquema Ponzi mundial. Deberíamos haber aprendido que los estándares de capital eran insuficientes y que había un agujero enorme en la estructura reguladora. En su lugar, se aplicó la noción equivocada de que algunas instituciones son simplemente demasiado grandes para quebrar.

Inevitablemente se ha creado una situación de asignación ineficiente, donde el capital imprudente sigue estando subsidiado, a un coste cada vez mayor, por parte del público. Mientras, los acreedores o tenedores de bonos salen ilesos, y parte del sistema financiero y bancario continúa dando bonus con la misma presteza que los primeros inversores de Bernie Madoff recibían sus rendimientos.

Como afirmaba Andrew Haldane, el otrora responsable del departamento de estabilidad financiera del Banco de Inglaterra, “…los bancos están en el negocio de riesgo, crean el riesgo, y luego sistemáticamente nos engañan e incluso entre ellos sobre lo que han creado…. En última instancia los bancos generan espejismos que parecen milagros”. El espejismo al que se refiere es la contribución de los bancos a nuestra seguridad y bienestar económico.

Juan Laborda
Vozpópuli

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