domingo, 30 de marzo de 2014

El dominio del dinero y las finanzas

La fase del capitalismo que se inicia a finales de la década de los ochenta del siglo pasado se caracteriza, entre otros rasgos, por la hegemonía de las finanzas. Este protagonismo que ha adquirido el mundo financiero ha supuesto aumento de la especulación y del endeudamiento, incremento del dinero que fluye a los paraísos fiscales, mayor número de fraudes y de delitos económicos, y una más elevada inestabilidad económica. Todo ello ha desembocado en el estallido de la crisis económica actual. 

El daño que este proceso está causando al progreso económico y social en la economía mundial es muy elevado, pues como consecuencia de lo que supone este dominio de las finanzas se concentra aún más la riqueza, al tiempo que aumenta la desigualdad, la pobreza no tiende a disminuir, y la inseguridad laboral se instala en las sociedades, no ya solamente en los países emergentes y subdesarrollados sino en los países ricos. Se deteriora la democracia como consecuencia de que las decisiones importantes que afectan a variables macroeconómicas, aunque no todas ellas, se toman fundamentalmente por los poderes financieros.

Esta fase tiene unos rasgos novedosos frente a otros periodos de la historia, pero, sin embargo, hay hechos que son comunes con otros momentos que se han dado en los diferentes procesos de desarrollo. Conviene subrayar esto, porque, ante el dominio de las finanzas en la actualidad, es corriente encontrar en algunos artículos, ensayos y libros, análisis que presentan como nuevos fenómenos, tales como los procesos especulativos, endeudamientos y crisis financieras, sin tener en cuenta una perspectiva histórica del papel desempeñado por la banca y las finanzas.

La importancia que desempeñan el dinero y las finanzas es muy antiguo, pero no cabe duda de que van adquiriendo una mayor importancia en la baja edad media cuando tiene lugar el avance del comercio, las ferias, y el desarrollo de las ciudades que se convertían en centros mercantiles y financieros y en las que se asentaba la burguesía comercial ascendente. En la edad moderna, y por lo que se refiere a España, que era el mayor imperio mundial, no se puede olvidar la obra magna del gran historiador Ramón Carande Carlos V y sus banqueros, publicada en tres tomos en años diferentes, aunque ahora se puede encontrar en un solo tomo gracias a la labor de la editorial Crítica.

La especulación también viene de muy atrás, como se puede conocer leyendo la obra de Galbraith Breve historia de la euforia financiera (Ariel, 1991) y en donde se analiza la famosa especulación de los tulipanes del siglo XVII. La especulación que llevó a cabo John Law, a principios del siglo XVIII, es digna de tenerse en cuenta por lo que supuso en su época. Hay varios libros que dan cuenta de ella, pero hay dos que voy a mencionar por lo interesante que resulta el análisis que efectúan de la evolución monetaria: George von Wallwitz Ulises y la comadreja. Una simpática introducción a los mercados financieros (Acantilado, 2013); y Philip Coggan Promesas de papel. Dinero, deuda y un nuevo paradigma financiero (El Hombre del Tres, 2013).

No se debe olvidar en todo ello a Marx, que tiene muchos escritos dedicados a las crisis bancarias en sus obras teóricas, pero, sobre todo, en los artículos de prensa, y que su lectura resulta de lo más actual. Este texto publicado en The New York Daily Tribune el 5 de mayo de 1856 lo ratifica: “El extraño frenesí que ha convertido a Francia en una casa de apuestas y ha identificado el Imperio napoleónico con la bolsa, no se ha ceñido en modo alguno a las fronteras galas. Esta plaga, que no sabe de fronteras políticas, ha cruzado los Pirineos, los Alpes y el Rin y, por asombroso que parezca, ha echado raíces en suelo alemán, donde la especulación en el terreno de las ideas se ha arrodillado ante la especulación en acciones de bolsa, el summum bonum ha hecho lo propio ante el avance del bono, la misteriosa jerga de la dialéctica ante la no menos misteriosa jerga bursátil, y las aspiraciones de unidad ante las pasiones de los dividendos”. (Recogido en Guerra y revolución. Karl Marx Editorial Melusina, 2011).Parece que está hablando de hoy mismo.

La importancia de la banca en el desarrollo del capitalismo fue analizado por Hilferding en su gran obra El Capital financiero, publicada en 1910 (hay traducción al castellano en Tecnos, 1985). Este autor analizaba, a partir de la obra de Marx, la concentración y centralización de capital que se estaba dando con una gran intensidad a finales del siglo XIX y principios del XX. El capital bancario jugaba un papel básico en este proceso que confirmaba las tendencias ya enunciadas por Marx. El capital financiero era la fusión de ese capital bancario con el capital industrial, pero en donde la banca desempeñaba la hegemonía. Tal como están las cosas actualmente resulta conveniente rescatar esta obra, leerla y estudiarla, aunque hayan cambiado muchas cosas desde entonces. En este libro se puede comprender el gran poder que las finanzas adquirieron en este periodo, aunque con rasgos diferentes a los actuales.

En el siglo XX, como muy bien apunta Chesnais en Las deudas ilegítimas (Clave intelectual, 2012) el poder de las finanzas tuvo un paréntesis: “El poder económico y político de las finanzas no siempre ha sido tan fuerte. La experiencia ha demostrado que en su momento se pudo prescindir de ellas a la hora de financiar la economía. El crac bursátil de 1929 y su prolongación en forma de grandes crisis bancarias durante los años treinta, conjuntamente con la Segunda Guerra Mundial, provocaron un retroceso de las finanzas… Durante las tres décadas transcurridas entre la derrota del régimen nazi y la crisis económica de 1974-1975 (denominados más tarde con nostalgia los “Treinta Gloriosos”), las economías capitalistas funcionaron sin Hedge Funds, sin finanzas especulativas, sin beneficiarios de dividendos y de intereses sobre deuda pública”.

Las crisis financieras han dado asimismo lugar a muchas obras en las que se puede estudiar qué consecuencias las han provocado y la cantidad de las que se han producido ya en el capitalismo industrial. A la ya mencionada de Galbraith hay que añadir la ya clásica de Kindleberger Manías, Pánicos y Cracs (Ariel, 1991). Desde un punto de vista teórico sin duda hay que destacar los diversos trabajos de Minsky, un autor fallecido hace unos años y que se ha revitalizado con la crisis actual, que en uno de sus libros planteaba en términos de interrogante si lo sucedido en la Crisis de los treinta podía volver a darse.

En suma, la historia nos enseña mucho, entre otras cosas, que el sistema financiero es tan dado a provocar burbujas especulativas y crisis económicas que resulta necesario controlarlo y regularlo, cuando no nacionalizarlo. También en que hubo un periodo comprendido entre 1945 y 1973 en el que el poder de las finanzas disminuyó sobre lo que había sido en épocas anteriores. Esta fase sin tanta hegemonía financiera fue el de mayor crecimiento habido en la historia, por lo menos para los países desarrollados.

Carlos Berzosa.
Catedrático de Economía Aplicada. Universidad Complutense de Madrid
Nueva Tribuna